Querido Lituania:

Estas líneas están dedicadas a Lituania-

Las valijas están hechas, y el reloj avanza a una velocidad que mis ojos nunca habían visto.

Miro hacia dentro de mí y descubro un océano de anécdotas e historias, que han forjado este año. Miro hacia afuera, por aquella gran ventana de mi habitación en la calle Kernaves, y el sol de a poco se escurre entre las ramas verdes de los árboles.

Lituania, ha pasado todo muy rápido. Ayer tocaba tierra en tu aeropuerto escala Báltica, y hoy, las brizas y la ingeniería me llevarán hacia el nuevo continente.

¿Cómo fue que todo terminó? Que difícil poder responder eso, si yo sigo pensando que ayer fue año nuevo, y que tres días atrás era mi cumpleaños. Evidentemente me has de hecho bien, vos y todos los que me acompañaron, virtual y físicamente.

Ayer atardecí en Trakai. Si, Trakai. Aquel pequeño pueblito que parece sacado de un cuento de Walt Disney, pero que resulta ser más real y palpable que la mismísima tierra que camino. ¿Sabes una cosa, Litu? Mientras estaba navegando en aquel lago milenario, y mientras los pájaros cantaban y un puñados de turistas sacaban fotos, me di cuenta que simplemente no es el fin de nada, y que todo lo contrario a lo que había estado pensando durante algún tiempo, empieza algo nuevo. Quizás no aquí, ni en Europa. Volveré a mi casa, a mi vida ‘normal’ y allí emprenderé la tarea de seguir siendo feliz. Ante todo, y cueste lo que cueste.

La despedidas quizás no son mi fuerte, en ningún aspecto. Y me he estado despidiendo durante la última semana, no solo de personas que han hecho de este un gran año, pero sino también de lugares. No sabía que quería tanto a Vilnius, no me acordaba de todas las anécdotas, y mientras el otro día paseaba bajo la luz de la luna, me di cuenta de muchas cosas…

¿Estoy cursi? Y, quizás un poco. Pero bueno, no ocultaré mi esencia, soy lo que soy y puedo. Perdón.

Mañana para cuando sean estas mismas horas ya habré volado por el Atlántico, quizás como muchos ya han hecho. Pero te quiero decir una cosa, nunca me iré del todo. Quedarán aquí mis risas, mi esencia y un pedazo de mi alma sincera.

Siempre en mi corazón, siempre en tus calles.

Yo, Esteban. Tu eterno argentino.

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