Reflexiones Nevadas

La ciudad había estado durante muchos días cubierta por una gran nubosidad. Un cielo encapotado, una mezcla de tonos grises y blancos. Un cielo amenazante, que amainaba a llover constantemente. El viento también hacía su trabajo, soplaba y resoplaba. De Sur a Norte, De Oeste a Este. Desde el Vingio Parkas a la Torre de Gediminas. La naturaleza, terca y caprichosa, no se había percatado que en realidad la primavera había llegado. Que de alguna manera, el sol debía aparecer y que los árboles y flores lentamente, a su propio ritmo, iban a ir despertando de su gran invernada. Aparecerían los colores, los pájaros cantarían y hasta quizás una mariposa posaría en alguna de las estatuas soviéticas que aún quedan en el Puente Verde -Zialasis Tiltas-. Pero no. Terca y caprichosa naturaleza, o quizás tampoco sea una cuestión de capricho, quizás sea una cuestión de Calentamiento Global provocado por el hambre de dinero y la ceguera ocasionada por el poder que el hombre tiene. Aunque en definitiva podría decirse que es por lo terco y caprichoso que resulta el ser humano en su proceder. El dinero maneja las riendas del mundo, aun sin importar que dicho motor sea un puente directo y sin escalas a la destruccion -quizás lenta- de todo lo hermoso de este mundo, incluidos nosotros. Que en definitiva y siendo sincero, seria la perdida menor…

Pero como sea que sea -Y dejando de lado mi intento de análisis, que poco tiene que ver con lo que venía hoy a contarles- el relato venia por otro lado. Nada de lo que climatológicamente era esperable paso. Ni el sol apareció. Ni los pájaros cantaban. Ni los árboles se despertaban Y mucho menos aquella mariposa atrevida se posó en el hombro del granjero soviético. Era una ciudad gris. Y nosotros ahí, tratando de ser felices aunque el clima conspiraba contra nosotros. Felices, como meta, motor y lema. Ahí, algunos pocos locos, metiéndole ganas a la vida, honrando el presente, para tener historias que contar en algún futuro…

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Vilnius es tambien la ciudad del amor. “Ir aš tave myliu”-“Y yo te amo”. Rio Neris.

Era jueves y la luz solar aparecía lentamente por sobre el Neris, Vilnius y nosotros, sus humildes habitantes, despertabamos. Para sorpresas de todos, el viento había cesado. Pero eso no fue lo que mas sorprendió a la pequeña población capitalina. Los árboles que hasta ayer eran grises, estaban blancos, cubiertos por un gran manto de nieve. La ciudad estaba nuevamente blanca. Quienes conozcan Vilnius, podran estár de acuerdo conmigo cuando digo que es una ciudad hermosa en cualquier estación del año, pero que bajo la nieve, tiene un encanto mucho más atrapante.

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Vilnius desde mi habitacion…

El destino una vez más conspiraba para que seamos felices. O nosotros eramos un poco optimistas. Ambas pueden ser teorías correctas. Quizás una combinación homogenea…

Llegué a la escuela cubierto de agua y nieve. Mi cuerpo frío. Mi naríz congelada. Mis manos un poco húmedas. Pero una sonrisa marcada a fuego en la cara. Me di cuenta que la vida nos daba una oportunidad de ver algo que hasta el momento no habíamos tenido la oportunidad de ver. Quizás deba aclarar antes de proseguir en el relato, que el plural se debe a que no estaba solo, sino con mi compañera de aventuras, Lo.

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Trakai

Trakai es un pueblo entre los lagos, con un gran castillo medieval. La ciudad nació con la voluntad del Duque Vytautas de construirle un lugar acorde a la Duquesa para pasar sus veranos, sin la necesidad de estar lejos de él. Amor o dinero. O nuevamente, una combinacion homogenea. Los más desconfiados dirán “La quería tener controlada”. Yo me quedo con la versión más risueña. Trakai me resultó un paraiso verde en el verano. Una paleta de ocres en el Otoño. Me faltaba indudablemente verla blanca, congelada. En estado puro.

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Las estatuas sovieticas del Puente verde, atacadas por la nieve.

Y allí nos fuimos…

Tres amigos, un micro y muchas ganas de disfrutar el tiempo que nos queda.

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trakai congelada

Trakai fue como lo habíamos esperado. No fue una sorpresa verla linda, impoluta y pura. Una joya en una gran corona. Pero finalmente cuando llegué a mi casa me dí cuenta que en verdad ese día había sido un gran libro de enseñanzas, y que en definitiva el ‘Mini viaje a Trakai’ no era más que algo anecdótico. Un puntito en una recta, pues aprendí alguna otra cosa, que me gustaría compartir:

  • Quizas las nubes tapen el sol. Los vientos de la vida soplen fuerte y de todos lados. Pero resulta que la vida es un tanto sorpresiva, y nunca sabemos si a la vuelta de la esquina, o en el próximo amanecer, las cartas no cambiarán. A veces preferible sentarse, mirar las cartas, tomarse un té, meditar y luego actuar. Nada es infinito, ni interminable. Ni las penurias, y menos el éxtasis de la felicidad.
  • La felicidad no depende del ambiente. Depende de vos. Quien quiere puede.
  • En la vida lo importante no es tener el último Iphone. Sino los compañeros con la locura necesaria para cambiar todos sus planes en pos de acompañar tus planes de ultimo minuto..
  • Vale más una campera húmeda y unas zapatillas embarradas, que el mejor de los trajes impecables y unos zapatos Armani. Pues el mundo no se descubre y explora vestido de etiqueta.
  • La vida es todo aquello que pasa, mientras estamos muy ocupados viendo todo lo que no tenemos.
  • Vivir a veces es mas fácil  y muchísimo más gratificante que ver la vida pasar desde la ventana de la habitación.

Quizas si ponemos un poco de nosotros, podramos cambiar las nubes por copos de nieves…

Laikyk svajonę įsikibus

Sigue tus sueños

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